Un zoólogo frances, Enrique Coupon, demostró que los animales lloran por distintas circunstancias. Los más sensibles son los mamíferos.
Es curioso el caso de los elefantes, a pesar de ser un animal tan enorme, que a primera vista y dada su imagen parece inconmovible, es uno de los cuadrúpedos que llora con mayor facilidad. Su tristeza es incontrolable cuando comprende que no puede huir de sus perseguidores. Se asegura que los elefantes cautivos permanecen inmóviles, agazapados, sin manifestar su sufrimiento de otro modo que por las lágrimas que derraman sin cesar.
Pero las lágrimas en los animales no se deben todas a muestras de tristeza, otro caso curioso es el de las gaviotas que lloran como consecuencia de su habitat natural. Algunas especies pasan la mayor parte del año sobre el océano, al emprender largas migraciones del Ártico al Antártco y viceversa.
Las aves marinas, como las gaviotas, poseen una estructura anatómica particular llamada “glándula de sal”. Normalmente tienen dos glándulas que están ubicadas en la parte superior de cada ojo.
Cuando la gaviota ha comido algún animal o bebido agua salina, las glándulas comienzan a funcionar activamente.
La gaviota comienza a llorar; sus lágrimas se escurren por el pico, y periódicamente se sacude para eliminarlas.
Así, llorando, la gaviota soluciona el problema del exceso de sal. La glándula resulta muy efectiva en su función, y se calcula que se puede secretar una cantidad de siel diez veces mayor que la que puede eliminar por otro importante órgano, como es el riñón.








