Mucho más que su utilidad como medio de comunicación –empleado desde tiempos remotos- la paloma mensajera, con su extraordinario sentido de la orientación, es un símbolo que ofrece de la naturaleza de cómo sus criaturas están dotadas de maravillosas propiedades.
Se supone que la domesticación de esta ave comenzó en la Asia central y la India, hace muchos miles de años. Como animal sagrado y de adorno, fue apreciada entre los pueblos semítico-fenicios del oriente medio y el conocimiento que volvía a su nido, si era soltada lejos de él, ya lo tenían los antiguos chinos, indios y egipcios. La primera mención escrita sobre ella consta en un jeroglífico egipcio del año 2600a.C.
El hombre fue cruzando distintas variedades para tener aves de adorno, de vuelo, o para la alimentación, y los primeros ejemplares de color blanco aparecieron en Grecia hacia el 478a.C. Ya en esos días era conocido y utilizado su instinto de volver al palomar y con ese fin fue usada en Atenas. Los romanos la extendieron por todos sus dominios. Fueron empleadas por los árabes y los cruzados. A los países bajos llegaron con los navegantes holandeses hacia el siglo XVI, y allí recibieron el nombre de mensajeras persas o turcas.
Una variedad llamada Carrier es la antecesora de la moderna mensajera y ya era común en Inglaterra, Holanda y Bélgica, donde surgieron muchos aficionados a su cría, hacia el año 1100 de nuestra era.
En el continente americano existían varias especies silvestres, como la difundida Torcaz, pero no había la variedad Zurita ni, por supuesto las domesticas. Al llegar los holandeses y establecerse en las colonias de Norteamérica, traen sus bagajes de palomas. Nuevas corrientes de estos animales arriban en las bodegas de los barcos con los inmigrantes belgas desde fines del siglo XVII.
Como ocurrió con los caballos y las vacas que trajeron los españoles al rio de la plata, algunas se escaparon y poblaron las tierras de América; la forma semisilvestre es la Paloma Criolla, que se la encuentra en las ciudades anidando en edificios y monumentos.
Las palomas mensajeras vuelan con gran agilidad y en ocasiones alcanzan los mil metros de altura, generalmente reunidas en bandadas que forman círculos sobre su palomar. Y pueden recorrer por día hasta unos ochocientos kilómetros.
Una vez adaptado a un palomar, si es llevado lejos del mismo, a pocos o muchos centenares de kilómetros, es capaz de regresar al ser dejado en libertad.
Como hace para encontrar su rumbo y encontrar su palomar?
Muchas teorías se han tejido a este respecto, y aun hoy no está dicha la última palabra; sin embargo, podemos suponer con cierta precisión como ocurren los casos.
La paloma mensajera tiene muy desarrollado su reloj biológico acorde con la latitud en la que se cría; generalizando un poco, podemos pensar que tiene todos sus ritmos vitales adaptados a la intensidad y duración de la luz, para cualquier época del año, en el lugar donde vive.
Si es soltada más al norte de su palomar, encontrara que por la hora que es liberada hay mucha luz y el sol está más alto en el cielo, entonces, luego de varias amplias vueltas, tiende a volar en la dirección que la aleja del sol. Y viceversa.
Si se le suelta hacia el oeste, será muy temprano para su reconocimiento automático de la hora y tendera a volar hacia el este, en dirección al nacimiento del sol para compensar este desfase; procede a la inversa si se las suelta al este de su palomar.
Este instinto de orientación, basado en compensar el desplazamiento aparente del sol, con respecto a la hora y al punto culminante en latitud, se llama menotaxia.
Pero esta facultad solo le sirve para aproximar el punto de origen, pues es incomprensible que sea capaz de corregir segundos de longitud y latitud. Para llegar a su palomar en el tramo final, utiliza otro sentido de orientación: reconocimiento previo de puntos fijos en varias direcciones alrededor del mismo (edificios, arboles, descampados); en el centro de estos puntos se encuentra su palomar. Esta capacidad de orientación se llama farotaxia (por su semejanza con los sistemas de faros que utiliza el hombre en la navegación).
Claro que al ser soltada y encontrarse con el cielo cubierto se le plantean grandes problemas. Se ha podido observar que la menotaxia funciona normalmente aunque la paloma no vea el sol directamente, bastándole solo con tener a ratos trozos de cielo despejado por donde pueda observar la intensidad de la luz y la dirección de los rayos solares.
Además, si ya está orientada y se encuentra con el cielo cubierto, puede aun por un rato seguir la dirección correcta continuando su línea de vuelo y aproximándose así hasta lugares más conocidos, que le permitan usar la farotaxia.
En el último de los casos, puede detenerse sobre lugares suburbanos o construcciones si hay amplios frentes de tormentas, y reanuda el vuelo al mejorar el vuelo; en estas condiciones se suelen perder numerosos ejemplares.
Antes de la invención del papel, la palomas no podían ser utilizadas para enviar mensajes, pero igual se las empleo en señal de peligro o paz, según códigos convenidos, en la India, China, Egipto y países del oriente medio. Los griegos las utilizaban para anunciar festividades, como las olimpiadas, o en sus viajes por el mar Egeo o el Mediterráneo, y los romanos las usaban en muchas de sus legiones. Sirvieron de comunicación con el exterior en ciudades sitiadas (como en el sitio de Módena, en el año 44d.C, en el sitio de Paris, etc.).
Desde el siglo XVI, los ejércitos las utilizaron regularmente como medio de comunicación casi invulnerables, prácticamente hasta la última gran guerra mundial. Han servido en la paz para comunicar pueblos y villas.
En Bélgica, a comienzos del siglo pasado, surgió una nueva aplicación de este simpático animal, las carreras de palomas. Sus criadores constituyeron la primera sociedad llamada colombófila en 1918. Estos criadores perfeccionaron las variedades antiguas por cruce y selección, obteniendo animales con gran instinto de orientación y de vuelo cada vez más veloz.
En cada palomar se las hace volar en bandadas, por tiempo creciente, a la mañana y a la tarde, para aumentar su resistencia.
En todas partes del mundo existen estas sociedades, que llevan un control de los aficionados, editan revistas de interés para el mejoramiento de la raza y proveen de los anillos que llevan un número, el año y una sigla para identificar a cada ejemplar en la pata.

















