Los aerolitos o meteoritos son verdaderos proyectiles cósmicos que penetran en la atmósfera terrestre desde el espacio exterior en cantidades que superan los 20 millones por día.

La enorme cantidad de proyectiles cósmicos están formados por bólidos, meteoritos o aerolitos y también por las estrellas fugaces. Se internan en la atmósfera terrestre produciendo una serie de fenómenos observados desde la antigüedad y que, aún hoy, son motivo de estudio para aclara los enigmas que todavía encierran.
Los meteoritos son partículas sólidas o fragmentos de piedra y metal que se desplazan solos o formando verdaderos enjambres por el espacio interplanetario. Como no pueden resistir la atracción terrestre entran en la atmósfera, y lo hacen a tal velocidad que el calor provocado por el roce los pone incandescentes y muchos de ellos estallan o se consumen antes de llegar al suelo. En la actualidad el término de meteorito tiende a reemplazar al de bólido, dejándose éste para designar al de grandes dimensiones, de fuerte intensidad luminosa y que provoca un estallido en el aire.

Se llaman estrellas fugaces a los puntos luminosos que aparecen de pronto en el cielo y que, después de recorrer una trayectoria más o menos amplia, desaparecen dejando un trazo luminoso en el firmamento.
Todavía en la actualidad existen discrepancias entre las comunidad científica sobre el origen de los meteoritos. Para algunos investigadores, son fragmentos de un planeta que estalló hace millones de años; para otros, serían restos de nubes de polvo cósmico de los que se formó el sistema solar. Los últimos estudios apuntan hacia esta última teoría, debido a la coincidencia en la composición de los isótopos radioactivos de uranio, plomo y estroncio entre los meteoritos y la Tierra. Es reseñable, en este punto un estudio realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en el mismo se llega a la conclusión de que las pequeñas rocas que impactan contra la Tierra llegan hasta nosotros en línea recta, directamente desde el cinturón de asteroides que hay entre Marte y Júpiter, y no, de la población de asteroides cercana a la Tierra.
Antiguamente, sólo la casualidad permitia a los hombres de ciencia estudiar la trayectoria de los meteoritos, su frecuencia y luminosidad. En un antiguo poema indio, el “Mahabaharata” que data de siglos A.C. ya se hacia referencia a la lluvia de estrellas. Los árabes conservaban en el Kaaba, santuario de la ciudad de la Meca, una piedra negra que, según la leyenda, había sido entregada por el angel Gabriel a Ismael, hijo de Abraham. Pero no es hasta principios del siglo XIX cuando se comenzaron a estudiar las piedras caídas del cielo con criterio científico.
La cantidad de proyectiles cósmicos que llegan a la Tierra es extraordinaria. Se ha calculado que en un dia llegan unos 20 millones, pero si se incluyen los meteoritos de poco brillo y pequeño tamaño que únicamente se observan con los más avanzados telescopios, la cifra ascienda a la cantidad de 8 mil millones.

En la época prehistórica, hace cerca de 70.000 años, cayó en el desierto de Arizona, un aerolito que dejó un cráter de 1.250 metros de diámetro y 180 metros de profundidad, es el llamado “Meteor Crater”, provocado por un siderito que pesaba unas 15.000 toneladas.